
Antanas Mockus en lituano. Historia familiar
Para escapar del torbellino político en el que vive atrapado como candidato presidencial, Aurelijus Rutenis Antanas Mockus Sivickas recurre a una terapia infalible: hablar en lituano con su madre Nijole o su hermana Ismena. Si no, recupera el aplomo con un libro en las manos, recostado en su sofá preferido junto al piano.
El último día que hablamos quería desconectarse de la barahúnda de la plaza pública, tras una gira por la costa Atlántica que lo dejó casi sin voz, y volver a la serenidad religiosa de los versos de Milosz, el Nobel de Literatura 1980, creador de un Estado apolítico y sin fronteras, obra de poetas que sólo quieren ser regidos por las ideas y las palabras. Sin entender de dónde vienen los años de éxtasis y a la vez de penas, / Aceptando mi destino y suplicando el otro, / No me consentía, apretaba mis labios. / Me siento orgulloso de una sola, por mí conocida, / virtud: / Azotarme con una disciplina de varios brazos.
Hubiera preferido que escogiera El poder cambia de manos, novela sobre un país arrasado por la violencia en transición histórica para asumir su propio destino. La significación va más allá de la posguerra de los años 50, de polacos y lituanos tratando de dejar atrás el genocidio nazi y de liberarse de la opresión soviética.
¿Por qué Czeslaw Milosz? No sólo porque nació en Lituania —aunque su obra la escribió en polonés y se universalizó en inglés—, no sólo porque se salvó de las dos guerras mundiales, de la Revolución Bolchevique y del régimen stalinista del que era un ex diplomático arrepentido, sino porque fue uno de los autores definitivos en la vida del más probable presidente de Colombia 2010-2014. La trágica muerte de su padre, Alfonsas Mockus, le generó una crisis existencial. Antanas o Antonio, como le decían los allegados, tenía apenas 14 años y su papá, de 44, era su ejemplo y guía. “Me afectó mucho, tanto que cambié de perspectiva y me refugié en la literatura por él y en el arte por mi madre escultora”. El lector precoz, desde los dos años de edad, abrió su mente al mundo primero en lituano, luego en español y en aquellos años de incertidumbre en francés, polonés e inglés
Para escapar del torbellino político en el que vive atrapado como candidato presidencial, Aurelijus Rutenis Antanas Mockus Sivickas recurre a una terapia infalible: hablar en lituano con su madre Nijole o su hermana Ismena. Si no, recupera el aplomo con un libro en las manos, recostado en su sofá preferido junto al piano.
El último día que hablamos quería desconectarse de la barahúnda de la plaza pública, tras una gira por la costa Atlántica que lo dejó casi sin voz, y volver a la serenidad religiosa de los versos de Milosz, el Nobel de Literatura 1980, creador de un Estado apolítico y sin fronteras, obra de poetas que sólo quieren ser regidos por las ideas y las palabras. Sin entender de dónde vienen los años de éxtasis y a la vez de penas, / Aceptando mi destino y suplicando el otro, / No me consentía, apretaba mis labios. / Me siento orgulloso de una sola, por mí conocida, / virtud: / Azotarme con una disciplina de varios brazos.
Hubiera preferido que escogiera El poder cambia de manos, novela sobre un país arrasado por la violencia en transición histórica para asumir su propio destino. La significación va más allá de la posguerra de los años 50, de polacos y lituanos tratando de dejar atrás el genocidio nazi y de liberarse de la opresión soviética.
¿Por qué Czeslaw Milosz? No sólo porque nació en Lituania —aunque su obra la escribió en polonés y se universalizó en inglés—, no sólo porque se salvó de las dos guerras mundiales, de la Revolución Bolchevique y del régimen stalinista del que era un ex diplomático arrepentido, sino porque fue uno de los autores definitivos en la vida del más probable presidente de Colombia 2010-2014. La trágica muerte de su padre, Alfonsas Mockus, le generó una crisis existencial. Antanas o Antonio, como le decían los allegados, tenía apenas 14 años y su papá, de 44, era su ejemplo y guía. “Me afectó mucho, tanto que cambié de perspectiva y me refugié en la literatura por él y en el arte por mi madre escultora”. El lector precoz, desde los dos años de edad, abrió su mente al mundo primero en lituano, luego en español y en aquellos años de incertidumbre en francés, polonés e inglés